Fernanda es la hija menor del hacendado Gonzalo Elizalde,
propietario de una importante empresa de lácteos, y Eduardo es
el hijo de Soledad, el ama de llaves de la familia Elizalde. Los dos
niños han crecido juntos y unidos por un amor inocente y leal, a
pesar de la diferencia de clases sociales.
Gonzalo vive feliz con su esposa Monserrat y sus 5 hijos, sin
sospechar que un enemigo implacable acecha a los suyos.
Artemio Bravo siente hacia Gonzalo un odio intenso y amargo que
ha corroído su mente, y su única meta en la vida es destruir, lenta
y dolorosamente, a toda la familia Elizalde. Para lograrlo utilizará
a Rebeca Sánchez, una joven sin escrúpulos que llega a la
empresa de Gonzalo bajo el nombre de Bárbara Greco. Su
inteligencia causa una buena impresión en Gonzalo, quien la
contrata como su asistente personal. Poco a poco y con gran
astucia, Bárbara logra obtener su total confianza.
Las primeras víctimas de Bárbara son Fernanda y Eduardo, a
quienes descubre dándose un tierno beso. Con lengua venenosa
y sutil, Bárbara convence a Monserrat de que Eduardo es un
peligro para la niña y el muchacho es enviado a un internado en
la ciudad. Las cartas de los niños llegan a manos de Soledad y
ella, con mucho dolor, decide no hacerlas llegar a su destino.
Esto provoca que Fernanda se sienta olvidada por Eduardo.
El siguiente paso en el plan de Artemio es convertir a Bárbara en
la esposa de Gonzalo, y eso significa que Monserrat debe morir.
Bárbara la asfixia con una almohada y hace que su hija mayor
Liliana, aparezca como culpable. Gritando su inocencia, la
desesperada adolescente termina internada en una clínica
psiquiátrica. Posteriormente Gonzalo se casa con Bárbara y la
nombra miembro de la junta directiva de la empresa.
Soledad es la única que sabe hasta dónde puede llegar la
maldad de Bárbara, pero tiene que callar. Vive un infierno durante
años, extrañando a su hijo Eduardo, y con el eterno temor de que
Bárbara cumpla su amenaza de que él morirá. Los años pasan y
Eduardo, tras haber estudiado una maestría en el extranjero,
regresa a la hacienda y encuentra a su madre gravemente
enferma. Ella le cuenta el suplicio que ha vivido y él jura hacer
justicia.
Bárbara utiliza a su nuevo cómplice Damián para que enamore a
Fernanda y se case con ella. Eduardo, con el nombre de Franco
Santoro, consigue involucrarse en la empresa con la intención de
descubrir y hacer pagar a los responsables de sus desgracias.
Fernanda siente una fuerte e inexplicable atracción hacia él, y
surge nuevamente entre ellos aquel gran amor que nunca murió.
Soledad, sintiendo que la muerte se acerca, entrega a Liliana el
cofre donde se esconde el secreto de su sufrimiento, con la
esperanza de que algún día logre liberarse de la injusticia que
pesa sobre ella. Poco después, con ayuda de Eduardo, Liliana
denuncia a Bárbara.
Bárbara se deshace de Artemio y es cuando se descubre el gran
secreto: que él es medio hermano de Gonzalo y pretendía dejarlo
en la ruina. Damián y Bárbara se traicionan mutuamente.
La familia Elizalde queda libre finalmente de la sombra de
Bárbara. Eduardo y Fernanda por fin pueden ser felices, sabiendo
que la fuerza más grande que existe es el verdadero amor.
¡Lo que hoy es imposible... Mañana es para Siempre!


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